"-La gente -señaló entonces Álvaro Abril- cree que para contar la propia vida es preciso empezar por el principio: año y lugar de nacimiento, etcétera. Pero se puede empezar por el final, o por el medio, por donde uno quiera. Yo no estoy seguro de que las cosas sucedan unas detrás de otras. Con frecuencia suceden antes las que en el orden cronológico aparecen después. Si usted quiere o necesita empezar por el fallecimiento de su marido, podemos empezar por ahí y luego ir a donde sea reclamada por la memoria o por el sentimiento. Lo importante es que los sucesos que seleccionemos tengan una carga de significado importante, para que el relato respire. Y se lo digo así desde el convencimiento de que la vida, de ser algo, es eso: un relato, un cuento que siempre merece la pena ser contado."
Fragmento extraído del libro Dos mujeres en Praga, de Juan José Millás
...y de fondo: Kind of Blue: 50th Anniversary Collector's Edition LP - Miles Davis
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"La música era toda mi vida hasta que conocí a Juliette Gréco. Me enseñó lo que significaba querer algo distinto a la música. Probablemente, Juliette fue la primera mujer a la que amé como un ser humano, en un pie de igualdad. Era hermosa. Teníamos que comunicarnos mediante expresiones, con el lenguaje corporal. Ella no hablaba inglés y yo no hablaba francés. Nos hablábamos con los ojos, los dedos. Con este tipo de comunicación uno sabe que el otro no le cuenta mentiras. Tienes que moverte por los sentimientos. Era abril en París. Sí, y estaba enamorado."
"Creo que gasté 30 años de mi vida, los primeros 30 años tratando de convertirme en algo.
Quería ser bueno haciendo cosas, quería ser bueno en tenis, quería ser bueno en la escuela y en las calificaciones... Y todo lo veía desde esa perspectiva: “No estoy bien de la manera que soy, pero si me vuelvo bueno haciendo cosas...”
Me di cuenta que no entendía este juego bien porque el juego era descubrir lo que yo ya era.
En nuestra cultura hemos sido entrenados para resaltar las diferencias individuales. Así que miras a cada persona y lo que vemos es si es más inteligente, más tonto, más viejo, más joven, más rico, más pobre... y hacemos estas distinciones dimensionales y las ponemos en categorías y las tratamos de esa manera. Entonces, vemos a los demás como separados de nosotros mismos y una de las características dramáticas de esta experiencia es estar con otra persona y de pronto ver las formas en las cuales el otro se parece a ti, experimentando el hecho de que lo que es esencia en ti, es esencia también en mí, es uno. Entendiendo que no hay otro. Es todo uno.
Yo no nací siendo Richard Albert, nací siendo un ser humano. Entonces aprendí esta historia de quién soy, si soy bueno o malo, consiguiendo o no... Todo eso se aprende durante el camino."
Algunas de las reflexiones que aparecen en el documental Zeitgeist.
Babylon es un conjunto de ventanas enigmáticas que se abren y se cierran como párpados, que te obligan a pensar en las cuatro estaciones -en todas las noches de este año, compartidas con el mismo patio de vecinos-, a sentir empatía por las luces que suspiran por salir dos segundos en las películas de Wenders.
...y de fondo: Tormenta - McEnroe
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Cerca de Auberry había mañanas en las que incluso las paredes de los hoteles estaban tristes y llenas de manchas. No decías nada. Despertabas y lo primero que venía a tu mente era el recuerdo de un montón de ropa tendida. Para mí, las otras carreteras, las que no transitábamos, eran sinónimo de ausencia, de lluvia y de kilómetros absurdos como tareas pendientes con uno mismo. Obviamente, cuando tú tenías pesadillas a mí me faltaba un brazo, la casa estaba en ruinas y llena de insectos y tú despertabas harta de soñar y sentir como todos alcanzaban una meta. Todos menos tú, que pasabas por la vida corriendo entre pasillos de hospitales con esas piernas tan largas y sin poder entregarnos tu testigo. No sé por qué pero al principio ya te dije que el talento, en mi caso, era algo meramente inútil para uno mismo y que cualquier huida improvisada sin alguno de los dos sería irrepetible.
Lo siguiente, para combatir rutinas, consistía en evitar recuerdos inventados como aquel en el que Bowie confesaba en algún libro que también llevaba muchos días subiendo unas persianas tras las cuales todo lo que veía era amarillo. ¿Y si, después de todo, sólo nos esperaba una locura infinita causada por la propia lucidez? ¿Cómo ibas a soportarlo tú? ¿En qué consistía el truco de Lapido? Creo que nadie podría o que no debería, pero veíamos como la mayoría terminaba aceptando la derrota del desastre compartido en soledad, como quien guarda celosamente en secreto algo demasiado expuesto a la evidencia. Te dije que ni siquiera yo estaría preparado para salir a la calle si no había nadie que llevara los pantalones como tú, así como así, con todos los pretextos agotados. Paseando cerca de Auberry tú temías llegar a un destino donde fuera imposible poder encontrarte a gusto contigo misma. Mi discurso asustaba, lo sé, diciendo que cualquier identidad plural corría el riesgo de diluirse en un montón de recuerdos y de conceptos a los que acercarse sintiendo que el listón se habría vuelto inalcanzable. No hay por qué disimular, yo también he sido un cobarde y entiendo que es normal desear ver tu propia silueta entre los cristales de los rascacielos de una ciudad que nos fascina pero que, al mismo tiempo, amenaza por dejarnos a oscuras durante el resto de la vida. Y, a veces, entro en un bucle en el que sólo se repiten canciones que suenan demasiado deprimentes, un día sí y otro día también, con la conciencia herida.
Esta mañana, lejos de Auberry, donde estuvimos sin saberlo, vuelvo a mirar fotografías y me pregunto si acaso he sido un impostor en tu vida, un atormentado o, simplemente, un tipo con suerte que hubiera sabido encontrar el botón adecuado en su día... Sí, un tipo que contigo tiene suerte o telepatía, al fin y al cabo, que se emborracha con tu belleza y que se empeña absurdamente en sobrevivir al fracaso cotidiano y al riesgo que conlleva intuir o presentir la amenaza de cualquier final o cualquier estado de paso, intercambiando mensajes en clave sobre la superficie de una pizarra escondida tal vez en otra infancia, aún por descubrir.
- No lo he pensado... Cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. Quería que todo sucediera deprisa, pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. No sé para qué. Hacerme mayor. El futuro es... es como una gran sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis. Tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.
...y de fondo: No surprises - Radiohead
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Es bueno saber que la mayoría de las veces las caricias se suceden si empezamos a tocarnos sólo con los ojos.
Que si el invierno transcurre lentamente entre las playas vacías del Cantábrico y del Pacífico, nos inventamos un verano genial en otros rincones mediterráneos en los que el tiempo pasa más deprisa.
Que, de todos los instantes compartidos, siempre permanece un rastro de minuciosa intensidad en el borde de tus labios.
Y que siempre estoy predispuesto a cualquier cosa que imagines, por pequeña que parezca.
"James Graham Ballard ha imaginado un futuro de piscinas vacías, moteles abandonados, bellas catástrofes, perversiones insospechadas y arquitecturas asépticas que, en buena medida, ya son nuestro presente. En sus manos, el futuro de la humanidad ha adquirido la forma de un cuerpo muerto, cuyos traumatismos y patologías no ha dejado de analizar de manera obsesiva. En su día dijo que el único futuro que le interesaba eran los próximos cinco minutos. Nuestros relojes indican que estos cinco minutos ya han pasado."