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MEGUSTAANGELGONZALEZ
ASITODOJUNTAMENTE
A Judit Socías Meya y Virginia Ballestero Cogollos
Aplaudo la música hechicera, música asaltante, a traición, en una calle ignota
brotante de una tienda infame de ropa quinceañera, abrimos de lunes a domingo,
donde las semanas laborales de las dependientas tienen casi treinta y un días hábiles
Aplaudo los ojos marrones de mis amigas, mucho más los que tuyos, Virginia,
oye, te los compro, o mejor me los regalas, la próxima vez que nos veamos,
tomamos un café, me dejas los ojos en el plato de la taza o plato de srvicio
y te vas divertida
y felizmente a tientas, vale?
Aplaudo la guitarra festiva que arranca vientos nuevos o botellas abiertas de vino brindado, éstas últimas también las pruebo.
Las comilonas camperas con amigos y amigotes que son la envidia
de los banquetes, los licores
espirituosos
bien cargados de espíritu, licores poetas, épicos y de pelo en pecho:
tumban regimientos y
encienden mejillas damiselas. Las noches con actitud de despedida, que dices:
marcharé mañana a la tarde, hasta entonces soy vuestro, quememos las horas
como si jamás fueran a volver
Conocer tipos alegres rayanos en lo jubilosamente eufórico, o muchachas inteligentes
y generosas
Dormir mucho en mi cama de toda la vida con las sábanas y mantas que mi máma
prepara con cuido atento por su niño
Viajar por viajar, ver, caminar, estar a merced de todas las pasiones y azares,
la necesaria soledad lectora, el lsd, las setas hilarantes, la rayita pericosa
que ofrecen conocidos de mueca amortajada, ha-chis, Jesús.
Jugar como un mocoso, reírme hasta que los abdominales me tachen de loco
y me den el alto azotándome con agujetas, agujetas fosforescentes
Divertirme, divertidme, divertir. Aprender para luego desaprender,
ser cada día más descaradamente canalla, calavera, depravado y sobre
todas las cosas
ver por tener algo que ofrecer; fortuna quiero tener para poder
entregarla a muchas manos agradecidas
Mirar atardeceres polvorientos de septiembre en La Mancha cuando
vuelven los vendimiadores y sus tractores levantan una nube amarilla
densa del camino, ah, esa es la niebla manchega
Escuchar mucho, mirar quien habla, entender los sentidos que toman
los propósitos
y los plenilunios, o los emailes de la gente que quiero, aunque luego no me
atreva a decirle eso que decía Blas: tequieromucho juntamente
SOBERVIA Y SANTA
SALIVA SAGRADA
Aquí, en Madrípolis, hay
tantos forasteros
como inmigrantes.
Advierto en el rictus
de los foráneos,
que medraron
al castellano
sol cayendo
a plomo,
un recelo fundado
por mimesis
copiado del sacerdote
de su patria chica.
Ha mucho tiempo ya,
vio al párroco en el altar
bebiendo vino sobriamente,
como si no le gustara, vaya.
Y hace como si no,
como si sangre de Cristo.
Sí claro, padre. Y el anís
a la sobremesa en la taberna
de Vicente Tormento, qué es
la saliva de la Virgen?
ANTONIO MOLINA
La fe de mis mayores
no es la mía, no ha de ser.
Bebí de ella hasta
saciarme, tiempo ha.
La rehui como vino
de vinagre, a la juventud.
Ahora camino sin planteamiento.
Miro, gruño, sofoco, irrito, amo.
No te equivoques
con Antonio Molina.
REZANDO POR
LA PRIMERA PIEDRA
Dios, hijo mío.
Esto es, hijo
del hombre.
A perro flaco
todo son pulgas,
vale, oye, dale,
aprietas y no
ahogas. Menos
mal. Tú dime,
si llegases a
apretar con fuerza,
los muchachos
nacieran sin
alegría, y las
muchachas sin
dones que ofrecer.
Menos mal, eso,
menos mal y más
bienes para tus
hijos, padre. Ojo,
quién me dice,
que no estamos
dejados de tu mano?
Quien esté libre
de pecado
no ha nacido
todavía.
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